Todas las comunidades autónomas cargan con sus tópicos. Las hay que han hecho de ellos bandera apostando por el sota, caballo, rey que les llenan de turistas las playas. Otras tratan de disimularlos y otras se esconden tras ellos. No sabría en qué grupo encajar a Extremadura. Desde luego no en la primera. Al que me hable de secano le enviaría unos días a pasear por la explosiva naturaleza del Valle del Jerte. Al que me hable de calor, le enviaría unos días al particular microclima del Valle del Jerte. Al que me hable de latifundios, le enviaría a conocer el sistema de cooperativa que lleva décadas dando buenos resultados en el asunto de la cereza en el Valle del Jerte. Al que me hable de indolencia, le enviaría a descubrir los barrancos del Valle del Jerte, a caminar por ellos, a deslizarse por sus saltos de agua haciendo barranquismo. Estos pasados días he tenido la oportunidad de hacer un par de rutas de senderismo y un descenso de barranco en el valle.

A primera hora de la mañana, Víctor de Alberjerte nos esperaba en Navaconcejo para hacer la ruta de Las Nogaledas, un recorrido circular de algo más de cuatro kilómetros que remonta el barranco homónimo. El camino discurre entre bosque de ribera, con abundancia de chopos y fresnos, para alcanzar hasta cinco saltos de agua que en esta época del año bajaban con un notable caudal. El recorrido no presenta dificultades, más allá de las precauciones lógicas que hay que tener al caminar por terreno húmedo. El tramo más técnico, en absoluto complicado, es un pequeño ascenso que se hace una vez alcanzada la carretera que engancha con el sendero que desciende entre cerezos hasta Navaconcejo, y que lleva hasta la cascada más espectacular. Por el camino de vuelta fui picoteando algunas cerezas, más por el hecho de seguir aprendiendo sobre las más de cien variedades que se cultivan en el valle que por volver a sentirme como un chaval haciendo travesuras, temeroso de que en cualquier momento le ladre un perro o salga el dueño de la finca a darle cuatro gritos. Hasta aquí el modo ironía activado.

A continuación, escogimos la ruta hasta Los Pilones, en la garganta de Los Infiernos. Tras pasar por el centro de interpretación nos dimos cuenta de que era más hora de siesta que de sendero, así que optamos por utilizar el nuevo servicio de coches eléctricos de Natur Extremadura, que te sube hasta el paraje natural. Los Pilones son una serie de pozas formadas por la erosión del agua en la dura roca de granito. Es una popular zona apta para el baño siempre que las temperaturas lo permitan, el día que subimos nosotros la temperatura era más de abrigo que de traje de baño, así que habrá que esperar a uno de esos tórridos días de verano para darse un chapuzón en ese jacuzzi natural. A través de un puente de madera se accede al sendero que recorre los pilones por el lateral, una pequeña excursión totalmente recomendable.

En el Valle del Jerte hay una maraña de gargantas que alimentan al río, tres de ellas preparadas para hacer barranquismo. Así que cuando Javi de Guia2 me ofreció bajar la de Los Hoyos, no me lo pensé ni un minuto. Al momento estaba enfundado en un traje de neopreno y con el arnés puesto. Los Hoyos es el barranco más sencillo de la zona, que no quiere decir que la adrenalina no se dispare en cada salto o tobogán del trayecto. Si en Los Pilones no me atreví a meter ni un pie en el agua, en el descenso del barranco, por el calor de la emoción, acabé abriendo la cremallera del neopreno para dejar pasar el agua. Una experiencia fascinante, como podéis ver en el vídeo, que seguro acabaré completando con el descenso por alguno de los otros barrancos, Las Nogaledas y Los Papuos, que tienen algún rápel de hasta 30 metros, saltos de 12 metros y multitud de toboganes.




Rafa Pérez Fotoperiodista que intenta entender el mundo a través de los viajes y la fotografía.


Rafa, solo con verte la cara, se denota que lo pasastes en grande y disfrutastes de lo lindo. Espectaculares tus fotos y envida sana de verte descender la garganta tan verde y frondosa. Sin duda el Valle del Jerte es más que sus cerezos en flor, solo tenemos que ver lo que tu nos presentas. Gracias por mostrar el Valle de las Cerezas de esta forma.
Chelo, fueron unos días maravillosos. Estoy deseando volver.
Me encanta el Valle del Jerte, yo estuve hace un mogollón de años en una semana santa y quede encantado, y las comidas y bebidas tipicas de alli cojonudas, que ganas tengo de volver.
Alberto, pues ahora es buen momento para volver, a comer cerezas…
Hola, soy seguidora tuya desde mi blog, en facebook y en twitter. Me parecen fascinantes tus fotos, sobre todo las de paisajes y espacios naturales como la de éste artículo. Está muy bien promocionar las maravillas de la naturaleza además de ciudades y monumentos, hay gente que hace viajes muy lejanos y, sin embargo, no conocen muchos parajes cercanos de su propio país.
Gracias por mostrarnos tus preciosas imágenes. Un saludo.
Muchas gracias, Almudena. Tienes toda la razón, hay que viajar más por los alrededores.
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